¿Por qué los países europeos están trasladando su oro?

Los bancos centrales europeos están revisando dónde guardan su oro. Descubre por qué y qué puede aprender de ello quien invierte en oro físico.
En 2026, Países Bajos trasladó 86 toneladas de oro de New York y Ottawa a Londres. Francia también reorganizó recientemente parte de sus reservas y, en los últimos años, otros países europeos como Alemania han tomado decisiones similares.
Pero estos movimientos no significan necesariamente que Europa esté repatriando su oro ni que haya dejado de confiar en Estados Unidos.
Lo que sí muestran es que algunos bancos centrales están prestando cada vez más atención a una cuestión que va más allá de cuánto oro poseen: dónde está almacenado, quién puede acceder a él y con qué facilidad puede utilizarse en caso de necesidad.
Para quienes invierten en oro físico, las circunstancias son muy diferentes. Aun así, esta historia plantea algunas preguntas interesantes sobre propiedad, custodia, accesibilidad, liquidez y diversificación.
En resumen
- Varios bancos centrales europeos están revisando dónde y cómo almacenan sus reservas de oro, aunque no existe una estrategia común.
- Estos movimientos reflejan un mundo más multipolar y una mayor atención a la diversificación, la jurisdicción, la accesibilidad y la liquidez, en un contexto en el que el dólar estadounidense está perdiendo peso como principal moneda de reserva mundial.
- Para quienes invierten en oro físico, la clave está en entender dónde está su oro, cómo está protegido y con qué facilidad pueden venderlo o solicitar su entrega.
¿Qué está pasando con las reservas de oro europeas?
El movimiento más reciente lo protagonizó De Nederlandsche Bank (DNB), el banco central de Países Bajos.
Entre marzo y agosto de 2026, DNB reasignó aproximadamente 86 toneladas de oro que mantenía en New York y Ottawa a Londres. Sus reservas totales no cambiaron: siguen siendo 612,4 toneladas.
Lo que cambió fue su distribución. La proporción almacenada en Londres pasó del 18,1 % al 32,1 %, mientras que la de New York bajó del 31,3 % al 18,5 % y la de Ottawa, del 19,7 % al 18,5 %. El 30,8 % continúa en Países Bajos.
La explicación oficial es importante. DNB citó la creciente incertidumbre geopolítica, la preparación ante posibles crisis y la necesidad de mejorar la liquidez y facilidad de negociación de sus reservas. Londres es uno de los principales centros mundiales para el comercio de oro físico, por lo que mantener allí una mayor proporción permite movilizarlo con más facilidad si fuera necesario.
Y no todo ese oro cruzó físicamente el Atlántico.
Aproximadamente 59 toneladas fueron vendidas en New York y se compró simultáneamente oro equivalente en Londres. Otras cantidades sí fueron trasladadas físicamente. El volumen total de las reservas neerlandesas permaneció intacto.
¿Qué están haciendo otros países europeos con sus reservas de oro?
No todos los bancos centrales europeos están siguiendo la misma estrategia. Francia ha concentrado sus reservas en París, Alemania mantiene su oro repartido entre tres países e Italia no ha anunciado cambios recientes.
- Francia: la Banque de France mantenía todavía 129 toneladas de oro en New York, alrededor del 5 % de sus reservas. Entre 2025 y 2026 vendió estos lingotes, que no cumplían con los estándares modernos que buscaba la institución, y compró en Europa una cantidad equivalente de oro conforme a los estándares LBMA. Sus reservas se mantuvieron en 2.437 toneladas, ahora almacenadas íntegramente en París.
- Alemania: entre 2013 y 2017, la Bundesbank llevó a cabo un importante programa de repatriación. A finales de 2025 almacenaba aproximadamente 1.710 toneladas en Frankfurt, 1.236 en New York y 404 en Londres. Es decir, algo más de la mitad se encuentra en Alemania, mientras que una parte importante sigue almacenada en dos grandes centros financieros internacionales.
- Italia: posee unas 2.452 toneladas de oro, distribuidas entre Italia, Estados Unidos, Suiza y Reino Unido. Aunque la ubicación de estas reservas ha generado debate político, la Banca d'Italia no ha anunciado recientemente una reasignación comparable a la de Países Bajos o Francia.
- España: el Banco de España también mantiene oro como parte de los activos de reserva del país. Parte de estas reservas se custodia en la histórica Cámara del Oro de su sede de Cibeles, en Madrid, situada a unos 35 metros bajo tierra. A diferencia de Países Bajos o Francia, España no ha anunciado recientemente una operación comparable de repatriación o reasignación de sus reservas de oro.
Estos ejemplos muestran que no existe una única estrategia europea. Algunos países han repatriado parte de sus reservas, otros las han reasignado y otros mantienen una distribución internacional.
Por eso, hablar simplemente de una «repatriación del oro europeo» no refleja del todo lo que está ocurriendo. La tendencia parece apuntar más bien a una revisión de dónde se almacena el oro y qué equilibrio ofrece cada ubicación entre seguridad, acceso y liquidez.
Repatriación o reasignación: ¿cuál es la diferencia?
Repatriar el oro significa trasladarlo de vuelta al país al que pertenece. Reasignarlo, en cambio, significa cambiar su lugar de almacenamiento, que puede seguir estando en el extranjero.
Por ejemplo, Países Bajos no repatrió las 86 toneladas de oro: las reasignó principalmente a Londres.
¿Por qué Europa guardaba parte de su oro en el extranjero?
Que una reserva nacional esté almacenada en otro país puede parecer extraño a primera vista. Sin embargo, existen razones históricas y prácticas.
Durante décadas, centros financieros como New York y Londres ofrecieron a los bancos centrales varias ventajas:
- Mayor seguridad geográfica: tras la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, mantener parte del oro fuera del territorio nacional permitía reducir la exposición a posibles conflictos en Europa.
- Acceso a mercados internacionales: almacenar oro cerca de grandes centros financieros facilitaba su compraventa y otras operaciones.
- Mayor liquidez: tener las reservas en mercados donde el oro se negocia activamente permitía movilizarlas con mayor rapidez cuando fuera necesario.
Por eso, almacenar oro en el extranjero no respondía simplemente a una cuestión de seguridad. También era una decisión práctica: no es lo mismo tener un lingote en un lugar seguro pero alejado de los principales mercados que tenerlo en un centro donde puede negociarse o utilizarse rápidamente.
Además, almacenar oro en otro país no implica perder su propiedad. En el caso de la cámara de oro de la Reserva Federal de New York, por ejemplo, la Fed actúa como custodio del metal depositado por gobiernos, bancos centrales y organizaciones oficiales.
Por tanto, guardar oro en el extranjero no es necesariamente un problema ni una decisión que ahora haya que «corregir». Lo que parece estar cambiando es la forma en que algunos bancos centrales evalúan el equilibrio entre seguridad, ubicación, acceso y liquidez.
¿Por qué los bancos centrales están revisando dónde guardan su oro?
No existe una única explicación. La crescente incertidumbre geopolítica, las sanciones internacionales, la inmovilización de determinados activos soberanos y la posibilidad de nuevas crisis han hecho que los bancos centrales presten más atención a dónde están sus reservas y con qué facilidad pueden acceder a ellas.
La seguridad sigue siendo fundamental, pero ya no es el único criterio. En situaciones excepcionales, también puede ser importante poder movilizar las reservas de forma rápida y eficiente.
La diversificación también gana importancia
Otro factor clave es la diversificación de los lugares de custodia.
Según la encuesta de 2026 del World Gold Council, el 10 % de los bancos centrales encuestados había diversificado sus lugares de custodia en el extranjero durante los 12 meses anteriores, frente al 2 % del año anterior. Además, el 9 % esperaba seguir diversificándolos durante los siguientes 12 meses.
En este contexto, Londres sigue desempeñando un papel importante. El 57 % de los bancos centrales encuestados indicó la Bank of England como uno de sus lugares de custodia, frente al 49 % que almacenaba al menos parte de sus reservas dentro de su propio país.
El caso de Países Bajos resume bien esta lógica: tener el oro más cerca no siempre significa tenerlo más accesible. Al aumentar sus reservas en Londres, DNB priorizó también el acceso a uno de los principales mercados internacionales del oro y la posibilidad de movilizar sus reservas con mayor facilidad.
¿Está Europa perdiendo confianza en Estados Unidos?
En parte, el debate sobre las reservas europeas refleja preguntas cada vez más frecuentes sobre la dependencia de Estados Unidos. Pero reducir estos movimientos a una simple «pérdida de confianza» sería quedarse solo con una parte de la historia.
El contexto internacional está cambiando.
El mundo avanza hacia un escenario más fragmentado y multipolar, en el que Estados Unidos sigue siendo una potencia económica y financiera dominante, pero su posición central está perdiendo peso relativo. China y otras grandes economías han ganado protagonismo, mientras cada vez más países buscan diversificar sus reservas y reducir su dependencia del dólar, de los mercados estadounidenses y de una única infraestructura financiera.
La guerra en Ucrania y la posterior inmovilización de activos soberanos rusos también han puesto sobre la mesa una cuestión que antes podía parecer más teórica: ¿qué ocurre con las reservas de un país cuando las relaciones internacionales cambian de forma drástica?
Al mismo tiempo, China ha seguido aumentando sus reservas de oro, mientras que países emergentes y miembros de los BRICS han explorado un mayor uso de monedas locales y sistemas de pagos alternativos.
Esta tendencia apunta hacia una pérdida gradual de peso del dólar en las reservas internacionales, aunque sigue siendo, con diferencia, la principal moneda de reserva mundial. De hecho, el 74% de los bancos centrales encuestados por el World Gold Council en 2026 espera que su peso en las reservas globales disminuya durante los próximos cinco años.
Al mismo tiempo, el oro está ganando protagonismo y otras monedas y sistemas de pago están adquiriendo mayor relevancia en un entorno financiero cada vez más diversificado.
No se trata tanto de sustituir una moneda dominante por otra de forma inmediata, sino de avanzar hacia un sistema menos concentrado en torno a un único centro financiero. En este contexto, el oro resulta especialmente interesante para los bancos centrales porque no depende de la solvencia de un emisor concreto y puede formar parte de una estrategia de diversificación frente a riesgos económicos y geopolíticos.
Europa también se está adaptando a este nuevo escenario
Las decisiones europeas deben entenderse dentro de este contexto más amplio, pero cada banco central tiene sus propios motivos.
Países Bajos ha citado explícitamente la incertidumbre geopolítica, la diversificación del riesgo y la preparación ante posibles crisis. Francia, en cambio, ha explicado su reciente operación principalmente por motivos técnicos. Y Alemania continúa manteniendo una parte considerable de sus reservas en New York, sin indicar que considere inseguro ese oro.
Por tanto, no hay pruebas de una retirada coordinada del oro europeo de Estados Unidos.
Lo que sí observamos es una adaptación a un mundo en el que concentrar demasiadas reservas en un solo país, mercado o sistema financiero puede plantear riesgos diferentes a los de hace unas décadas.
Para los bancos centrales, diversificar ya no significa únicamente decidir cuánto mantener en dólares, euros, oro u otros activos. También implica preguntarse dónde están esos activos, bajo qué jurisdicción se encuentran y con qué facilidad podrían utilizarse en distintos escenarios.
En este sentido, los movimientos recientes pueden interpretarse menos como una ruptura con Estados Unidos y más como parte de una estrategia de adaptación a un orden económico y geopolítico más complejo.
¿Qué puede aprender de todo esto quien invierte en oro físico?
Un inversor particular no gestiona una reserva nacional y no tiene las mismas necesidades que un banco central.
Por eso, estas decisiones no son una estrategia que haya que copiar. Sin embargo, sí plantean algunas preguntas útiles para cualquiera que tenga o esté pensando en comprar oro físico.
1. ¿Eres realmente propietario de tu oro?
No todas las formas de exposición al oro funcionan de la misma manera.
Si compras oro físico almacenado por un tercero, conviene entender cómo está estructurada legalmente la propiedad. Por ejemplo, existe una diferencia entre oro asignado, asociado directamente a su propietario, y determinadas estructuras en las que el cliente tiene un derecho frente al proveedor en lugar de poseer directamente metal específico.
Antes de elegir una solución de custodia para lingotes y monedas de oro, es importante entender qué posees exactamente y qué ocurriría con tu oro si el proveedor tuviera problemas financieros.
2. ¿Dónde está almacenado?
La historia de los bancos centrales demuestra que la proximidad no es el único criterio.
Para un particular, también conviene valorar la seguridad física de las cámaras acorazadas, el seguro, las auditorías y el marco jurídico del país donde se encuentra el metal.
Guardar el oro cerca de casa puede resultar intuitivo. Pero eso no significa automáticamente que sea la solución más segura o flexible.
3. ¿Puedes acceder a él cuando quieras?
Comprar oro físico es solo una parte de la decisión.
También conviene preguntarse: ¿puedo venderlo fácilmente? ¿Puedo solicitar su entrega física? ¿Cuánto tarda el proceso y qué costes implica?
La accesibilidad es precisamente uno de los motivos por los que Países Bajos ha aumentado sus reservas en Londres.
A una escala completamente diferente, la misma pregunta puede ser útil para un inversor particular: no solo dónde está el oro, sino qué opciones tienes si tus necesidades cambian.
4. ¿Qué liquidez tiene tu oro?
La liquidez del oro se refiere, de forma sencilla, a la facilidad con la que puede venderse y convertirse en dinero.
El oro es accesible, fiscalmente limitado y reconocido, pero esto depende del producto, del lugar de almacenamiento y del funcionamiento del servicio de recompra del proveedor.
Un lingote o una moneda puede tener valor, pero la experiencia del inversor será diferente si venderlo requiere organizar transporte, encontrar un comprador y verificar nuevamente el producto que si existe un mecanismo claro para su reventa.
5. ¿Está todo concentrado en el mismo lugar?
Los bancos centrales están prestando más atención a la diversificación de sus lugares de custodia. Para un inversor particular, esto no significa necesariamente que deba almacenar oro en varios países.
La idea más amplia es otra: evitar concentraciones de riesgo que no sean necesarias y entender de qué depende el acceso a tus activos.
Y la diversificación no se limita al lugar de almacenamiento. El oro puede formar parte de una cartera más amplia, pero no tiene por qué ser su único componente.
¿Estos movimientos influyen en el precio del oro?
No necesariamente.
Mover oro de una cámara acorazada a otra no crea nueva demanda mundial. Tampoco lo hace una operación como la neerlandesa, en la que se vende oro en un mercado y se compra una cantidad equivalente en otro.
Por tanto, no existe una relación directa del tipo: más repatriaciones = mayor precio del oro.
La relevancia de estos movimientos está más en lo que nos dicen sobre la gestión de las reservas. La encuesta de 2026 del World Gold Council muestra que los bancos centrales siguen valorando el oro por distintos motivos:
- Su comportamiento en periodos de crisis, cuando otros activos pueden verse sometidos a mayor presión.
- Su papel como reserva de valor, especialmente dentro de estrategias pensadas a largo plazo.
- Su capacidad de diversificación, al permitir reducir la concentración de las reservas en determinadas monedas o activos.
- Su independencia de un emisor concreto, ya que el oro físico no representa una deuda ni depende directamente de la solvencia de un Estado o una empresa.
Al mismo tiempo, cada vez más instituciones están revisando no solo cuánto oro poseen, sino también cómo y dónde lo custodian.
Estos movimientos ayudan a entender el papel estratégico que el oro sigue desempeñando en las reservas de los bancos centrales. Sin embargo, por sí solos no permiten anticipar cómo evolucionará su precio, que depende de muchos otros factores económicos, financieros y geopolíticos.
En resumen
Los movimientos recientes de las reservas de oro europeas cuentan una historia más interesante que una simple “vuelta del oro a casa”.
Países Bajos ha trasladado oro a Londres para mejorar su accesibilidad y liquidez. Francia ha sustituido el oro que mantenía en New York por lingotes adquiridos en Europa. Alemania mantiene sus reservas repartidas entre Frankfurt, New York y Londres.
Las estrategias son diferentes, pero comparten una idea: poseer oro no es la única cuestión importante. También importa dónde está, cómo se custodia y con qué facilidad puede utilizarse cuando se necesita.
Para quien invierte en oro físico, la escala es completamente distinta. Pero las preguntas pueden seguir siendo útiles:
¿Dónde está mi oro? ¿Soy realmente su propietario? ¿Cómo está protegido? ¿Puedo venderlo o solicitar su entrega cuando quiera?
Entender estas cuestiones puede ser tan importante como decidir cuánto oro encaja, o no, en una estrategia de inversión.